El mundo está cambiando y lo está haciendo a una velocidad cada vez mayor. Un cambio impulsado por la evolución de la tecnología, que lleva décadas progresando al ritmo de la ley de Moore, que expresa que la capacidad de los microprocesadores se duplica cada dos años. Es decir, cada dos años la tecnología es dos veces más rápida, dos veces más potente, dos veces más capaz.

A simple vista, podría parecer que no es para tanto. Ése fue el error que cometió, según la fábula, el rey del lejano país de Oriente que concedió al creador del ajedrez una recompensa que consistía en disponer de un grano de trigo en la primera casilla del ajedrez, del doble -es decir dos-, en la segunda, el doble -esta vez cuatro-, en la tercera, y así sucesivamente.

La “magia” de la progresión geométrica es tal que, para cumplir con lo prometido, el rey debería haber entregado al inventor 18 446 744 073 709 551 615 granos de trigo, lo cual equivale a más de 1.300 años de la producción mundial actual. Esta misma progresión geométrica es la que rige la evolución de la tecnología: cada dos años la tecnología avanza una casilla en su ajedrez.

Por si esto fuera poco, esta velocidad exponencialmente creciente adquiere una dimensión aún mayor cuando se combinan diferentes tecnologías, lo que hace posible la aparición de casos de uso que plantean escenarios hasta hace muy poco inimaginables. Coches sin conductor capaces de llevarnos a nuestro destino mientras dedicamos nuestro tiempo a cosas más productivas, realidad virtual que cada vez cuesta más distinguir “de la otra” y aplicaciones infinitas o sistemas de inteligencia artificial capaces de convertirse en campeones mundiales de Go o de ajedrez. En este contexto surge IoT, o Internet de las Cosas, un paradigma que hace posible que los objetos puedan comunicarse con nosotros y entre ellos.

Recordemos sus cuatro elementos clave:

  • En primer lugar, el objeto, cosa o herramienta que es sensorizado y es capaz de medir temperatura, consumo de agua, velocidad y todo lo que se nos pueda ocurrir, en definitiva.
  • La conectividad que permite enviar la información recogida por los sensores.
  • Una plataforma que recoge los datos enviados por el objeto y los organiza para que dicha información pueda ser útil.
  • El procesado de los datos para convertirlos en información práctica y podamos obtener todo el valor posible de los objetos y herramientas.
IoT abre, por tanto, un mundo infinito de posibilidades
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IoT abre, por tanto, un mundo infinito de posibilidades que crecen rápidamente porque, como explica la ley de Moore, cada vez podemos conectar más cosas, que envían más información cada vez más rápido. Pero si, además, combinamos esta tecnología con otra, como por ejemplo los drones, que proporcionan capacidades de movilidad y perspectivas desde las alturas imposibles de obtener de otra forma, se pueden abordar infinidad de nuevos casos de uso.

En esta convergencia de tecnologías surge la solución de drones antiincendios IoT de Telefónica. Una solución que permite detectar incendios forestales de manera temprana y obtener información en tiempo real de la zona para que el servicio de emergencias pueda tomar mejores decisiones de cara a su extinción y de ese modo reducir riesgos, costes e incluso salvar vidas.

El sistema de los drones antiincendios se basa en unos sensores térmicos en las torres de comunicación, las mismas que dan cobertura a los teléfonos móviles. Dichos sensores son capaces de detectar un conato de incendio en el área donde está situada esa torre, de forma que cuando esto ocurre, el sensor térmico de la torre envía una alarma al servicio de emergencias, pero también a un dron, que está alojado en un hangar en esa misma torre.

Cuando el dron recibe esa alarma con la localización del incendio sale del hangar de forma automática y vuela de manera autónoma a la zona del fuego potencial. Una vez allí, recoge con una cámara térmica y una cámara óptica lo que está pasando y envía la información en tiempo real al servicio de emergencias, gracias a la conectividad IoT de Telefónica. De este modo, el equipo de emergencias puede saber si se trata de una falsa alarma o de un incendio real, cuál es la carga térmica del mismo, si hay gente atrapada, cuáles serían los mejores caminos de entrada y de salida y, en definitiva, conocer mejor la situación para así mejorar la toma de decisiones. Además, desde el centro de control es posible manejar al dron de forma remota gracias a la red móvil y enviarlo a una zona concreta en caso de detectar algo sospechoso.

Una vez que el dron termina su misión, vuelve de manera autónoma al hangar donde aterriza de forma automática. La base del hangar recarga al dron al entrar en contacto con su tren de aterrizaje para que, de este modo, esté listo para su próxima misión.

Este sistema, que combina los beneficios de Internet de las cosas y la tecnología dron, se aprovecha también de la infraestructura de las torres de comunicación existentes, ya que su distribución sobre el terreno resulta óptima para este caso de uso y dota al dron de alimentación eléctrica, cobertura móvil y protección contra rayos.

Como apuntaba al inicio, la tecnología evoluciona y lo hace muy rápido. Nosotros lo hacemos con ella, porque está en nuestro ADN. Pero esa tecnología debe estar siempre al servicio de las personas y del planeta como en el caso de los drones antiincendios para, de este modo, hacer un mundo mejor. Telefónica, al conectar a las personas con las cosas que de verdad les importan, es habilitadora de la transformación digital.

Sistema presentado por Luis Simón Gómez Semeleder

Divisek Systems partners de Telefónica IoT participante de este proyecto